Reforma laboral en el Congreso: qué cambia para los trabajadores de plataformas digitales

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Argentina se prepara para debatir una reforma laboral que, por primera vez, menciona de manera explícita a los trabajadores de plataformas digitales, como repartidores de comida o conductores de aplicaciones de transporte. La discusión no se limita a un sector reducido ni a cuestiones técnicas: define cómo se organizará el trabajo en la economía digital en los próximos años.

El Segundo Reporte de Fairwork Argentina, elaborado por el Oxford Internet Institute y el Centro de Investigaciones en Administración Pública, analiza las condiciones laborales de los trabajadores de plataformas digitales en el país y anticipa las consecuencias que podría tener la próxima reforma laboral

Según el informe, si la ley no contempla cómo funcionan los sistemas algorítmicos ni las condiciones reales de trabajo, la formalización del empleo en plataformas podría consolidar relaciones laborales con pocas garantías, dejando a los trabajadores desprotegidos frente a riesgos, ingresos variables y jornadas irregulares.

Según el abogado laboralista Juan Manuel Ottaviano, "la situación objetiva actual de los trabajadores de plataformas en la Argentina y en gran parte del mundo es que tienen vulnerados sus derechos laborales. No se les garantiza un salario básico, protección frente a riesgos, acceso pleno a la seguridad social ni compensación de gastos". 

  • Además, señala que "tampoco se les garantiza el derecho a no ser sancionados en caso de que rechacen pedidos o elijan determinados horarios".

Para Pía Garavaglia, economista, investigadora y una de las autoras del informe Fairwork Argentina, la reforma "legítima o valida la forma que tienen las plataformas de operar"

Explica que el acceso a la seguridad social es limitado para quienes facturan por monotributo y que esto no garantiza contar con obra social ni seguro médico. En cuanto a la estabilidad de ingresos, señala que "es un acuerdo completamente unilateral. Las tarifas las aumentan las propias plataformas, no se basan en ninguna paritaria, en ningún acuerdo, ni tampoco negocian con otra organización". La experta agrega que la posibilidad de que las plataformas suspendan o bloqueen a los trabajadores de forma repentina y sin una justificación clara es otro de los aspectos que, según señala, no se modificaría con la reforma.

La ley propuesta también omite regular la gestión algorítmica de estas plataformas, un elemento central en la experiencia diaria de los trabajadores. Garavaglia detalla que "todas las plataformas tienen un sistema de gestión basado en un algoritmo. En las de reparto, por ejemplo, el algoritmo se ocupa de concentrar repartidores en cierta zona o franja horaria según la oferta y la demanda, y establece rankings que dependen de la puntualidad, la cantidad de pedidos aceptados o rechazados". Esto implica que si los trabajadores superan un límite de rechazos, bajan en el ranking, lo que repercute en la asignación de pedidos y en los pagos adicionales. 

Ottaviano coincide en que la regulación actual "no aborda el problema de la gestión algorítmica ni la cuestión de la transparencia, mucho menos establece obligaciones concretas para las empresas. Tampoco contempla la posibilidad de que los trabajadores de plataformas elijan horarios sin ser sancionados por ello".

Otro punto crítico es la forma en que esta modalidad laboral impacta en la autonomía real del trabajador. Garavaglia señala que "si la ley sostiene que es un trabajo puramente flexible y que se puede trabajar en más de una plataforma, queda incompleta, porque en la práctica eso no suele darse de ese modo. Y aun si se diera, correspondería asignar derechos fundamentales sin importar la cantidad de tiempo que uno dedique". Para Ottaviano, la reforma "convalida la situación de informalidad y desprotección laboral, sin reconocer como derechos la elegibilidad de horarios, la soberanía sobre el tiempo de trabajo o la posibilidad de rechazar pedidos o tareas sin sufrir sanciones".

Más allá de repartidores y conductores, este modelo tiene implicancias que trascienden el sector de plataformas

Garavaglia advierte que "hoy se considera que el trabajo en plataformas es algo bastante limitado dentro del mercado laboral. Sin embargo, constituye un hecho estilizado, un ejemplo de cómo están cambiando las modalidades de trabajo, y eso tiene la capacidad de aplicarse en muchísimos sectores de la economía". Plataformas de educación online, de apuestas, de entrenadores de inteligencia artificial o de procesamiento de datos ya replican dinámicas similares a las de Uber o Rappi. Los trabajadores deben invertir tiempo y recursos para capacitarse y armar sus perfiles, sin garantía de que recibirán pagos, y siempre sujetos a decisiones algorítmicas que no admiten negociación ni instancia de apelación.

Esta tendencia incluso se traslada a oficinas y empleos profesionales, donde los mecanismos de vigilancia guiados por algoritmos comienzan a reemplazar la retroalimentación directa entre jefe y empleado. Garavaglia explica que el algoritmo "traza un flujo de trabajo que el empleado debe seguir, pero ante dificultades, malentendidos o imprevistos, no tiene la capacidad de ajustar ni negociar como lo haría un supervisor humano. Esto automatiza procesos de decisión que antes requerían intervención humana, dejando al trabajador más desprotegido".

El informe Fairwork y los expertos coinciden: estas dinámicas generan jornadas irregulares, ingresos variables y una transferencia de riesgos hacia los trabajadores. Ottaviano subraya que la perspectiva de la reforma "va en sentido contrario a los debates que se están dando en la Organización Internacional del Trabajo (OIT), donde podría aprobarse un convenio específico sobre trabajo en plataformas en la próxima Conferencia Internacional".

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