


Científicos del Conicet prueban una innovadora estrategia para combatir al mosquito que transmite el dengue
REDACCIÓN 4LUn hallazgo de científicos del CONICET puso el foco en una estrategia experimental para reducir la supervivencia del mosquito Aedes aegypti y, con eso, limitar la transmisión de dengue, Zika, chikungunya y fiebre amarilla.
Publicado en la revista Vaccine, el trabajo mostró en laboratorio que anticuerpos generados en bovinos inmunizados afectaron la vida de las hembras del vector después de alimentarse con sangre.
El estudio apunta al mosquito y no al virus que transmite

El blanco elegido está en el intestino de Aedes aegypti
El equipo diseñó un antígeno recombinante llamado PT-3, construido con regiones seleccionadas de tres proteínas vinculadas con la matriz peritrófica del intestino de Aedes aegypti. Esa estructura aparece después de la ingesta de sangre y participa en funciones ligadas a la digestión y a la protección del epitelio intestinal.
Mara Roset, también investigadora del CONICET, explicó que esa matriz cumple un papel central en la homeostasis intestinal del mosquito. Sobre esa base, los investigadores buscaron que los anticuerpos generados por el hospedador reconocieran esos blancos una vez ingeridos por el insecto.
Los ensayos con suero de bovinos mostraron menor supervivencia en las hembras
Para avanzar con la prueba, los investigadores inmunizaron bovinos con PT-3 y luego obtuvieron suero de esos animales. Después utilizaron un sistema de alimentación artificial para que los mosquitos se alimentaran con sangre suplementada con ese material. Como comparación, emplearon suero extraído de los mismos bovinos antes de la inmunización.
Briones aclaró que los mosquitos no fueron colocados directamente sobre los animales, sino que se alimentaron a través de una membrana. El resultado fue que las hembras que ingirieron sangre con anticuerpos contra PT-3 tuvieron una reducción significativa de la supervivencia frente a los grupos de control.
La mortalidad apareció sobre todo en los primeros tres días posteriores a la alimentación, un período que coincide con una intensa actividad digestiva en el intestino del mosquito, según indicó Idalia Pérez Leyva, primera autora del estudio e integrante del IIBIO y de la Escuela de Bio y Nanotecnologías.
El contexto sanitario en Argentina refuerza el alcance del hallazgo
El avance se conoce después de una temporada en la que las enfermedades transmitidas por mosquitos siguieron bajo vigilancia en Argentina, aunque con comportamientos distintos. De acuerdo con una nota previa basada en el Boletín Epidemiológico Nacional, la chikungunya fue el principal brote de arbovirosis de la temporada 2025-2026, con 3.730 casos confirmados o probables sobre 13.308 sospechosos.
Ese mismo informe indicó que el 97% de los casos se concentró en el NOA, sobre todo en Salta, Tucumán y Jujuy. También consignó 239 hospitalizaciones, nueve casos graves y dos muertes confirmadas, ambas en Salta. El origen del brote estuvo asociado a casos importados desde Bolivia, con posterior transmisión local.
En contraste, el dengue cerró el período 2025-2026 con circulación baja y sin brotes sostenidos. Hubo 71 casos confirmados sobre 28.028 sospechosos, con una incidencia acumulada muy por debajo de la registrada durante la epidemia de 2023-2024. Aun así, el cuadro sanitario mantuvo la atención sobre Aedes aegypti, el mosquito que también transmite Zika, fiebre amarilla y chikungunya.
Los investigadores plantean una herramienta complementaria ante límites conocidos
Los autores del trabajo remarcaron que la estrategia no reemplaza a las medidas ya utilizadas para el control del vector. Entre ellas figuran la eliminación de criaderos, la vigilancia epidemiológica y el uso de insecticidas. Sin embargo, señalaron que esas herramientas enfrentan dificultades en áreas urbanas y que también existe resistencia a determinados productos químicos.
Laura Basile, investigadora del CONICET y primera autora del estudio, sostuvo que este enfoque podría aportar una herramienta complementaria frente a esas limitaciones. En paralelo, existen vacunas contra algunos de los virus transmitidos por el mosquito, como la fiebre amarilla y el dengue, mientras que en algunos países ya se autorizaron vacunas contra la chikungunya. Para Zika, en cambio, todavía no hay una vacuna aprobada.
Los investigadores señalaron que aún quedan varias etapas antes de considerar cualquier aplicación en salud pública. Entre los próximos objetivos figura optimizar los antígenos para inducir anticuerpos que reconozcan con mayor eficacia las proteínas intestinales del mosquito en su conformación natural.
Briones también planteó otra posibilidad a futuro. Según indicó, un componente antivectorial como PT-3 podría evaluarse como parte de una vacuna combinada que actúe tanto sobre el mosquito como sobre los virus que transmite. Antes de llegar a esa instancia, advirtió, harán falta estudios de eficacia, seguridad y duración de la respuesta inmune, además de las fases preclínicas, clínicas y regulatorias correspondientes.


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