Retinoico vs. Retinol: la confusión más frecuente en el cuidado de la piel y por qué muchas pieles “no cambian”

Un malentendido persistente: creer que retinol y ácido retinoico son lo mismo.

Interés general28/11/2025 Dra. Florencia Paniego
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Aunque la vitamina A es uno de los activos más estudiados en dermatología, su uso en el mercado general sigue atravesado por un malentendido persistente: creer que retinol y ácido retinoico son lo mismo. En consultorios dermatológicos y estéticos, esta confusión aparece como una de las principales causas por las cuales muchos pacientes sienten que “la piel no mejora”, a pesar de usar productos con buenos ingredientes.

La diferencia entre ambos derivados no es menor. Impacta en la eficacia, en la profundidad de acción y en los resultados visibles. También influye en el tipo de piel, la tolerancia, el contexto hormonal, la edad y el estado de la barrera cutánea. Frente a un mercado sobrecargado de cosméticos, claims y promesas, el conocimiento correcto de estos activos resulta clave para orientar expectativas y decisiones.

 

Por qué esta confusión es tan común: la promesa cosmética vs. la acción terapéutica

La vitamina A se ha convertido en sinónimo de "antiedad", “recambio” y “textura perfecta”. Sin embargo, detrás de esa etiqueta conviven moléculas con comportamientos completamente distintos. Mientras el retinol es un activo cosmético de acción progresiva y más predecible, el retinoico pertenece al campo terapéutico y requiere diagnóstico.

El problema aparece cuando el público interpreta a ambos como equivalentes. Esto lleva a dos consecuencias habituales:

Expectativas irreales: Se espera del retinol lo que solo puede lograr el retinoico.
Autotratamientos riesgosos: Se incorpora retinoico sin supervisión, sin evaluar tolerancia ni estado de la barrera, lo que deriva en irritación o abandono prematuro.
 

La piel como órgano dinámico: por qué no responde igual en todas las personas

La piel no es un soporte inerte que “recibe cremas”. Es un órgano activo que reacciona a:

estrés y cortisol elevados
cambios hormonales (ciclos, perimenopausia, androgenización)
exposición solar acumulada
contaminación y estilo de vida
calidad del sueño
clima y humedad
uso previo de activos irritantes
microbiota alterada o barrera comprometida
Por eso, dos personas con la misma crema pueden tener resultados completamente distintos. El diagnóstico profesional identifica qué necesita esa piel en este momento, no en teoría.

 

Retinol: una herramienta valiosa, pero muchas veces mal interpretada

El retinol es, sin dudas, útil. Su uso constante puede mejorar la textura, otorgar luminosidad, acompañar procesos de despigmentación y promover un recambio celular más ordenado. Pero es un activo que prepara y estimula, no uno que transforma condiciones más complejas.

Retinol: cuándo suma y cuándo no alcanza

Suma cuando:

la piel está iniciando el uso de vitamina A
la barrera es frágil y necesita adaptación
se busca suavizar irregularidades leves
no hay inflamación activa
es parte de un plan preventivo o de mantenimiento
No alcanza cuando:

hay acné inflamatorio
los poros están reactivos
la textura es marcada
existe daño crónico por UV
la barrera está alterada
se necesita acción clínica, no cosmética
Pedirle a un retinol que actúe como un retinoico es la raíz de muchas frustraciones en los pacientes.

 

Ácido retinoico: la molécula capaz de modificar procesos biológicos

El ácido retinoico actúa directamente, sin conversiones. Por eso tiene impacto en:

la comunicación celular
la inflamación
la reorganización del estrato córneo
la normalización del folículo pilosebáceo
la síntesis de colágeno
la reparación del daño acumulado
Es un activo que interviene. No acompaña: corrige.

Por esta potencia, requiere prescripción y seguimiento. La dosificación, la frecuencia y la forma de aplicación se ajustan según:

tolerancia cutánea
historia clínica
estación del año
presencia de lesiones activas
coexistencia con otros tratamientos (peelings, láser, hidroxiácidos)
 

Por qué muchas pieles “no cambian”: el fenómeno del pseudo-tratamiento

En consultorio, los profesionales coinciden en un punto:
muchas personas creen estar en tratamiento, pero en realidad están solo estimulando la piel.

El uso aislado de cosméticos —por buenos que sean— no reemplaza un plan clínico cuando la piel necesita intervención. La sensación de “no me hace efecto” suele corresponder a:

activos mal seleccionados
falta de diagnóstico
barrera inflamada o comprometida
productos que estimulan, pero no tratan
rutinas desconectadas del objetivo real
insistencia con moléculas de baja potencia en casos que requieren terapia
Una piel estimulada no es una piel tratada.
Esa frase es central en la educación del paciente.

 

La instancia clave: el diagnóstico profesional

El diagnóstico orienta el plan. Evalúa:

biotipo y estado actual
barrera y microbiota
inflamación
hábitos que influyen en la respuesta cutánea
historial de tratamientos fallidos
tolerancia a los retinoides
objetivo real del paciente (no el supuesto)
Solo después de esa evaluación se decide si la piel necesita retinol, retinoico, una fase de reparación previa o incluso evitar vitamina A hasta recuperar equilibrio.

 

La estrategia por encima del envase

La diferencia entre retinol y retinoico no se resuelve leyendo etiquetas.
La estrategia terapéutica es la que determina qué molécula se usa, cuándo y cómo.

En un contexto donde el consumidor está hiperexpuesto a tendencias —desde “retinol para todos” hasta rutinas exageradas— la guía profesional es la que garantiza seguridad, eficacia y resultados sostenibles.

La vitamina A es una herramienta poderosa, pero solo transforma cuando se utiliza con criterio clínico.

Por la Dra. Florencia Paniego  – Médica dermatóloga MN94.996

IG @draflorenciapaniego

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